domingo, 29 de octubre de 2017

Familia y hogar. Semana 4

En paralelo a todo lo que te he contado se ha ido creando tu hogar.

Y es que parece mentira que el destino haya sido tan caprichoso pero, desde que en enero decidimos cual iba a ser nuestra ubicación han habido problemas con las tasaciones, líos de financiación, dudas existenciales y un viaje a Japón entre medias. Todo esto hizo que firmáramos una hipoteca y una escritura un 8 de agosto rodeado de eclipses lunares, noches de risas en la playa y mucho, mucho papeleo.

Con llaves en mano y miles de renders hechos por tu papá, que es muy obstinado y manitas con todo aquello que le emociona, encontramos la imitación perfecta al micro cemento en una fábrica al lado de casa.

Nunca una imagen de internet había estado tan cerca como una tienda de construcción de toda la vida en Almenara.

La serie Foster integrará nuestro hogar.

Sabiendo lo que conlleva terminar una casa por dentro, todo lo que hay que tener en cuenta y que la mamá se embarcó en un carro el año pasado de responsabilidades, datos y preocupaciones educativas y legales en la cabeza, decidimos quedar con un chico que, no me digas por qué, me dio buena vibración desde el principio yerno de una compañera de trabajo.

Tenemos claro lo que queremos y cómo lo queremos pero con la dirección de un colegio ya tengo bastante y no me apetece tomar las riendas de una dirección de obra.

Así que 25 de agosto, después de vomitar todo el chino que comí con Vero  y las cervezas y el morro que me hice con Nere y Jose el día anterior  y 37’5º de fiebre, quedamos con Eliseo para concretar qué necesitábamos de él.

Algo raro me pasaba. Sentía angustias y sudores. Me tomé una horchata pero desapareció de mi cuerpo nada más llegar a casa.

Me tumbé en el sofá pero la fiebre no paraba de subir.

Te anunciaste a bombo y platillo.

Empapada de sudores, en pleno 25 de agosto y con dos horas delirando en la sala de espera de urgencias, pensaba que un virus o unas malas digestiones del día anterior estaban haciendo mellas en mi cuerpo.

Gente poniendo reclamaciones ante la impotencia de la enfermedad y la espera, mareos varios y mucha, mucha agua.


Analítica de orina.
Una hora más de espera. 39º de fiebre y una sala abarrotada de gente.

Resultados. Médico sudamericana. Y la noticia. Ni reaccioné.

Un gotero de paracetamol en una sala llena de recuerdos intensos que me hizo dejar el estado de delirio febril para darme cuenta de que la cosa iba en serio y tú eras yo y yo siempre seré tú.

Llegamos a casa.

Terminé el discurso que iba a leer en la boda de Mireya y Óscar y mi cabeza era un caos de ideas y sensaciones al compás de un ensayo ya programado del trío de cuerda formado por tu padre y amigos y  que tocaría en la boda. Ensayo en mitad de nuestra calle y yo sin poder brindar champagne con los vecinos.

Esa noche supe que iba en serio y que 2018 me traería otro carro y unas llaves para crear un hogar y una familia unida. A la vez.

Porque si algo nos enseña la vida es que nada se puede planificar.

Simplemente pasa y debemos disfrutar de ello.


Atémonos los cinturones. 2018 viene con curvas.



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